La comunidad microbiana albergada en el intestino humano, conocida comúnmente como microbiota intestinal, es considerada como un órgano completamente integrado en el huésped y juega un importante papel en el metabolismo, la fisiología, la nutrición y el sistema inmune. De hecho, se estima que en el intestino habitan 10 veces más bacterias que células tiene el ser humano, y que estas codifican para 150 veces más genes de los que aparecen en el genoma humano.

Cuando las proporciones entre las distintos tipos de bacterias son las adecuadas todo va bien, pero en ciertas condiciones estas proporciones pueden estar en “desequilibrio”, con consecuencias para la salud.
Este “desequilibrio”, en el ámbito científico es conocido como “disbiosis” de la microbiota intestinal. Por ejemplo, la microbiota intestinal en personas obesas y con sobrepeso está en desequilibrio, es decir, presenta una disbiosis. De hecho, en la actualidad se sabe que el desequilibrio microbiano es asociado con otros trastornos metabólicos tales como la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico, y con la enfermedad cardiovascular. Recientes estudios han sugerido que los cambios en la microbiota intestinal pueden desencadenar los mecanismos patogénicos que promueven inflamación, resistencia a insulina y el desarrollo de síndrome metabólico, así como alergias o enfermedades mentales como autismo, y depresión.

